Allí, puntuales, nos dimos cita los padres del novio, Amparo y Carlos, sus hermanos Lourdes y Carlos, que iba acompañado de su mujer, Elena y su hijo, Carlitos, bien cargado de juguetes por si la ceremonia se le hacía larga (y al pobre no le dio tiempo ni a abrir la mochila...), los testigos Yolanda y José Antonio y los dos invitados de honor, que somos amigos y compañeros del novio, Pepe Franco y Cristina.
La jueza no fue tan puntual, y por una vez llegó más tarde que la novia, pero como no hay mal que por bien no venga, así nos dio tiempo para inmortalizar el momento a las puertas del juzgado y nos hicimos todas las fotos que quisimos.
Fue una ceremonia corta (...muy corta) pero emotiva, en la que la jueza leyó los artículos en los que los contrayentes se comprometían a guardarse fidelidad y les recordó que el marido y la mujer son iguales ante la ley en derechos y deberes. Tras estos artículos procedió a las preguntas de rigor, que los contrayentes escucharon, seriecitos y de pie. A la hora de entregarse los anillos, Rosi le comunicó a la jueza y a todos los asistentes que esos se entregarán en la segunda parte de la ceremonia, que tendrá lugar en Perú, y a la que me encantaría asistir si mi maltrecha economía me lo permite (y, por supuesto si los novios me vuelven a invitar!!!).
Tras las firmas de los novios y testigos, realizadas con la magnífica pluma que le regalaron a los novios por suscripción popular los compañeros de trabajo de Javier, se acabó la ceremonia, entre los improvisados aplausos del público asistente.
Y ahora voy a hacer una crónica al más clásico estilo de las revistas de corazón, como si fuera Karmele Marchante, porque seguro que la parte femenina lo espera ansiosa, que no sólo de leyes vive el hombre (y la mujer menos):
La novia iba radiante, con su traje de chaqueta blanco, a juego con su sonrisa, y lucía pendientes y gargantilla de diamantes, que combinaban a la perfección con su anillo de compromiso, aunque pudimos ver cómo en los momentos más emotivos sus ojos reflejaban la pena de no tener cerca a los suyos y a ratos volaban más allá del océano. Espero que este blog, mi regalo de bodas, ayude a acercar distancias, y los kilómetros parezcan menos.
El novio, "arreglado pero informal", llevaba una chaqueta de pana negra y un chaleco de cuello vuelto blanco, estilo Capitán Cousteau en noche de gala, cuando atracaba el Calypso en el puerto de Mónaco.
Tras la ceremonia, nos fuimos todos al pub del pueblo, a relajarnos y comentar los avatares de la ceremonia, y más tarde compartimos mesa y mantel en una cena en el Restaurante Trieste, donde entre ricos manjares, disfrutamos de una animada charla y, por supuesto, brindamos por la nueva pareja, deseándole que tengan un largo y feliz camino por delante, y que sean felices y coman perdices... o lo que prefieran!!!
1 comentario:
Lindísima mi Rosita!!! Qué alegría amiga, y cuánta felicidad se ve! Aquí esperamos con ansias la 2da parte de la ceremonía! Felicitaciones, un besototototote, te extraño!
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